- Semillas Delgado
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La campaña de aceituna ya se ha puesto en marcha en la provincia de Toledo, una de las áreas olivareras más significativas de Castilla-La Mancha. En este territorio, donde conviven el olivar tradicional de secano con nuevas plantaciones intensivas, cada campaña está profundamente marcada por la climatología y las particularidades del suelo. Este año no ha sido una excepción: los contrastes entre comarcas y la irregularidad del clima han dibujado un escenario complejo, pero también lleno de oportunidades para los agricultores que planifiquen bien su manejo.
Un año condicionado por el clima continental toledano
Toledo se define por un clima continental extremo: inviernos fríos, veranos prolongados y muy calurosos, y precipitaciones escasas que se concentran en momentos poco previsibles. Esta combinación influye directamente en el comportamiento del olivar y en la calidad final del fruto.
Durante la primavera y el verano, las temperaturas elevadas y los episodios de calor han afectado al cuajado y al desarrollo del fruto, adelantando el envero en algunas zonas. En contraste, las lluvias de otoño —muy irregulares según la comarca— han permitido que ciertos olivares recuperaran vigor, mientras que otros han acusado la falta de humedad y presentan calibres más contenidos.
En términos generales, se observa:
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Buena respuesta en olivares jóvenes y en zonas con algo más de disponibilidad hídrica.
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Mayor variabilidad en secanos tradicionales, especialmente en áreas de suelos ligeros o con escasa retención de humedad.
Zonas como Montes de Toledo, La Jara o la Mesa de Ocaña muestran comportamientos diferentes, lo que obliga a adaptar el manejo a cada realidad local.












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